26.10.06

Reunión del Círculo Científico de Estudiantes (Kolo Naukowe)

Pues en esas estábamos: poder concitar los intereses académicos con otros aspectos extraacadémicos que fueran lo suficientemente atrayentes para los estudiantes, sobre todo tras una penosa jornada de estudio. La pregunta era: ¿cómo hacer que participen más sin que suponga ello una carga? Solución: unir lo académico a lo lúdico, y para eso teníamos al Kolo Naukowe Iberystów (Círculo Científico de Estudiantes de Iberística).


La verdad es que miedo me daba pensar que nadie iba a participar, y estuve toda una semana anunciando la reunión en todas las clases que tenía, a ver si alguien picaba, y además, para hacerlo más atractivo, la convoqué en el club latino de unos amigos: El Sol, que para eso, entre otras cosas está, además, claro está, de para tomar copas y bailar...


De cualquier manera, el pasado martes 24 de octubre, a eso de las 19:00 horas, aparecieron más o menos, unos 17 o 19 estudiantes, lo cual no deja de ser un éxito parcial, dado que a pesar de su carga horaria, decidieron ir "voluntariamente".


En esa reunión se explicó cómo íbamos a trabajar y en qué temas, animándoles a que participaran y escribieran en la página web que tenemos para tal menester (Iberysci.pl), la cual está muy completita, aunque no podría sobrevivir sin su participación.


Aunque nadie me lea en este blog, pienso que hay que incrementar esa participación y hacer que esa página sea un útil instrumento, complementario a la enseñanza que reciben en la Universidad. Veremos, pues, como marcha esta historia...


Por supuesto, también decidieron ir montando actividades culturales, en las que, para variar, tendré que implicarme muy activamente y, sobre todo, fiestas... -¡oh, Dios mío! ¿También me tocará montarlas todas a mí?-

Espero que no sea así y que estos estudiantes polacos tengan buena conciencia del significado de la muy castiza expresión "arrimar el hombro"...

22.10.06

Y de nuevo a vueltas con el polaco...

Lo del viernes, es decir, la reunión del Instituto de Polonística, no pudo ir peor: llegué allí sin saber nada, y me fui casi peor de lo que estaba. Allí me planté con mis dos amigos portugueses, que también son lectores en la UJ, pero en este caso de portugués, Marcos y Fernanda. Como llegamos un poquito tarde (¡ah! El consabido sentido ibérico de la puntualidad...), tuve que preguntar buenamente a quien parecía llevar el cotarro de aquello que qué había que hacer.

El hombre, mayor, grande y afable, aunque con la total apariencia de un felino que se relame viendo el banquete que le espera, o quizá porque también me recordaba a Marlon Brando en el papel de don Vito Corleone, me estuvo haciendo varias preguntas, tras indicarme que había tres listas en las que te podías inscribir: la lista A, para los que no sabían nada; la lista B, para los que parece que sabían algo, pero en realidad no sabían nada; y la lista C, para los que de verdad podían decir que sabían algo.

Entonces, muy seguro de sí mismo, dijo sin dudar: -tú eres B-, y yo, cándido de mí, pregunté: -y eso, ¿qué significa?-

-Pues que estás en el nivel B, es decir, intermedio-. En ese momento, yo que tengo cierto orgullo y algo de soberbia intelectual (que por eso soy metodólogo en la universidad y me he leído el Marco común europeo para las lenguas), no sabía si echarme a reir o callarme y no sacar a este hombre de su error. Al final, dado que debo de ser prudente, me callé.

Ahora tocaba apuntarse en la lista, una vez superado el primer escollo, y allí topé con el segundo: tenía que buscarla a lo largo de una gran sala llena de gente, que parecía estar escribiendo en la mayoría de los casos. -Muchacho, lo llevas mal- me dije, pero hete aquí que la providencia divina se apiadó un poco de mí e inmediatamente dos bancas al lado de la mía apareció la lista B entre un grupo de chicas bielorrusas (-¿Que cómo sé que eran bielorrusas?-, os estaréis preguntando. Nada más fácil: tenían los pasaportes encima de la mesa...).

Pues bien, este fue el tercer escollo, porque entre risas y protestas mutuas, se apuntaban, se borraban, se volvían a apuntar, se volvían a borrar de esa lista... Y mi paciencia se agotaba y sus risas aumentaban... Les pedí tres veces educadamente la lista. Una en polaco, por el "por si acaso", otra en inglés, por el "por si no fue" y otra en francés, por el "oh! la la". Nada... En ninguna de las tres ocasiones me cedieron la lista, y el volumen de sus risas histéricas aumentaba por momentos...

Ya, no exento de cierta mala leche, les volví a pedir la lista, pero esta vez hice atributo de mi mal genio. Excepcionalmente, se encontraba cerca de ellas una de mis estudiantes ERASMUS, y cuando me reconoció y les hizo reconocer que yo no era ERASMUS, soltaron con toda docilidad la lista e inmediatamente cesaron en sus histéricas risas. ¡Menos mal que hay gente cabal en el mundo!

El cuarto escollo fue cuando a todos los que estábamos en el nivel B nos llevaron a una sala en la que, obviamente no cabíamos, para discutir los horarios que habíamos de tener. Allí nos juntamos varias kazajistaníes, una china, un japonés, dos ruandeses, tres españoles, cinco bielorrusos, dos jordanos, un eslovaco, un mexicano que no sabía qué hacía allí y..., ¡en fin! Se me acabó la cuenta.

Entró el lector y, en un muy correcto polaco, nos informo de cuándo no podía darnos clase y nos indicó que hiciéramos el favor de decirle cuándo queríamos tener las clases en las horas que le quedaban libres (en total, 4 horas por semana). Se fueron descartando horas y yo poniéndome más nervisoso, porque al final, ese horario quedaba de tal manera que coincidía con mis clases, por lo que era del todo imposible ir a las clases de polaco, a no ser que se tuviera el don de la ubicuidad. Precisamente así nos quedamos más o menos la mitad del grupo (unas 18 personas).

No obstante, cuando ya estaba el ambiente caldeado, nos dio una sorpresita: habría otro grupo y lectora aparecería... ¡Ahora! En ese momento llegó una chica que decía llamarse Salomea, y que iba a dar clase a los descontentos con el primer horario... Pero que había que cerrar un nuevo horario...

Fue tarea ardua, pero tras cuarenta minutos de debate, logré hacer frente común con las bielorrusas y el eslovaco frente a las kazajistanas y al clan oriental (es decir, la china y el japonés), y así salió un horario más o menos potable.

Total de tiempo empleado en esta operación: tres horas. Resultados: un horario y la promesa de empezar unas clases la próxima semana... A ver si para ese tiempo le da a la profesora por aprender a pronunciar bien mi nombre... Quizá se escriba la próxima vez foneticamente, por si acaso...

A propósito, que hoy estuve en el Stary Teatr de Cracovia viendo una obra de teatro... en polaco. Se trataba de la obra titulada Wariacje Enigmatyczne (Variaciones enigmáticas), de E. E. Schmitt, un autor francés con un apellido nada francés... Un diálogo entre dos actores que, si bien ha servido para demostrar mi absoluta incompetencia en la destreza de comprensión auditiva en polaco, al menos me ha permitido, gracias a mi polaco tabernario enterarme de los chistes cuando los había y reírme al mismo tiempo que el resto del público...

Y es que, como dicen en mi tierra, "menos da una piedra". El resto, lo veremos en el futuro, o como dicen los polacos: -zobaczemy, zobaczemy...-

20.10.06

¡¡¡Por fin es viernes!!!

Tras esta semana en la que ha ido pasando el tiempo como si no se hubiera dejado sentir apenas, ya llega el viernes, y con él, el último día laborable de mi semana de trabajo y, por ende, el inicio de ese tiempo que tanto se ansía para hacer todo lo que durante la semana está vetado por un impulso de autoresponsabilidad, a veces mal concebida, y que, al final no sirve para hacer absolutamente nada, dado que tienes que ponerte a preparar y planificar todo el trabajo de la semana siguiente en ese periodo de tiempo.

Recuerdo una canción de mi época de pseudo-macarra juevenil del grupo llamado Niños del Brasil, que decía algo así como:

Lunes... ¡No!
Martes... ¡No!
Miércoles... ¡No!
Jueves, viernes.
¡Hoy es viernes!

Como quiera que sea, acabaré las clases de hoy y tras esto, seré aún tan masoquista que me marcharé a una reunión en el Instituto de Polonística para enterarme de cuando comenzará un curso de lengua polaca que la UJ va a organizar para sus trabajadores de forma gratuita y que, por supuesto, para aprovechar espacio y ahorrar gasto se celebrará simultáneamente con los cursos de lengua polaca para ERASMUS. Hay que echarle imaginación para ver a los estudiantes y sus profesores compartiendo la misma aula y observando cómo mutuamente se equivocan.

Así pues, dadas las circunstancias que me trajeron a Polonia en su tiempo, ahora es momento de que, por fin, lleve a cabo el sueño que he estado persiguiendo en tantos y tantos días de desolación idiomática, de malentendidos lingüísticos y de desvelos por entender lo que me pide la cajera del supermercado cada vez que voy a hacer la compra. -Pięć pięcdzisiąt!- me dice con su melosa voz cuando voy a comprarle un paquete de tabaco... Me quedo reflexionando un momento, con cara de semi-éxtasis, esperando tener una inspiración por parte del Espíritu Santo, que parece que sólo trabajó una vez en la historia de su existencia a la hora de derramar sus dones, entre ellos el del conocimiento de lenguas extranjeras, que ahora tan bien me vendrá a mí... Por fin me percato de que junto al tabaco está escrito el precio en cristiano: cinco con cincuenta. Inmediatamente meto mi mano en el bolsillo, mientras observo cómo la siguiente o siguientes personas de la cola me miran no sin cierto nerviosismo e incluso enfado. Saco el dinero, pago con celeridad y mascullo un -Dziekuje bardzo (muchas gracias)-, mientras me alejo del supermercado con mi recién adquirido paquete de tabajo que me ha proporcionado ese místico momento de saber que no sé absolutamente nada...

Pero al igual que decía antiguamente cierto anuncio de la televisión: "El frotar se va a acabar", pues algo parecido me va a suceder a mí, y por fin voy a abandonar esas muecas de falta de entendimiento que pongo de vez en cuando y que amenzan con dejarme la cara con menos fortuna qyue la del hermano Calatrava feo (sí, ese que se parece a Mick Jagger, pero en versión desnaturalizada).

¡Qué voy a decir más! Escribo ahora al ritmo de la música que ha traído mi amigo Marcos, lector de portugués en la UJ y especialista en leyendas urbanas. Se trata de la Orquesta Nacional de Barbés (Marruecos), que, no está de más decirlo, suena a música, no de orquesta nacional, sino popular de Marruecos... Será que los europeos tenemos una visión muy distinta de lo que es la definición de música y de orquesta nacional...

Veremos qué depara la reunión preparatoria y a ver en qué nivel me ponen, aunque, dadas las circunstancias, me pondrán en el más bajito, a ver si así dejo de arrugar el ceño y fruncir la nariz con los ojos entrecerrados (-no, no es una descripción del Fary chupando limones, es la mía al no enterarme de las cosas-) y por fin sentirme bien, sentirme alegre, porque es mi día y nada me lo va estropear, porque estoy contento de ser como soy... ¡Caramba! Ya me dejé otra vez influenciar por los anuncios de la televisión de nuevo...

17.10.06

...Y tuvimos Fiesta de la Hispanidad

El pasado día 12 de octubre, vista como estaba la situación, en cuanto a ánimos, energías y ganas de empezar bien el curso, se llevó a cabo un acto de convivencia entre los estudiantes de la titulación de Filología Española de la Uniwersytet Jagiellonski (que a partir de ahora abreviaré en UJ) y los estudiantes de español de otras universidades de Cracovia, en el Club Latino el Sol, a fin de celebrar la efeméride y actual Fiesta Nacional de España, que otrora se conociera como Fiesta de la Hispanidad.


Al final no sólo hubo estudiantes, sino que pudimos contar con la presencia de profesores, tanto de la titulación de Filología Española de la UJ, como de otras universidades y centros privados de enseñanza, con lo que llegamos a superar las trescientas personas.


Gracias a la colaboración de Jorge y de Miguel (copropietarios de El Sol), el acto quedó bastante lucido, máxime porque se esforzaron en engalanar el local con todas las banderas de los países de habla hispana y porque animaron la fiesta con buena música y con su buen hacer, mostrando a todas las personas interesadas que allí estuvieron elementos propios de la cultura hispánica, así como expresiones típicas, tarea última a la que nos sumamos los docentes que por allí andábamos, a fin de animar a mejorar su aprendizaje de español a todas aquellas personas que gozan con nuestra lengua y nuestra cultura.



Hasta aquí, el apecto panfletario y estadístico.

En otras palabras: la fiesta fue estupenda y todos lo pasamos muy bien, dado que hubo momentos estupendos de baile (agarrado y sin agarrar), de chistes (normalitos y picantes) y de buen ambiente y diversión hasta las tantas... Como yo ya iba medio acatarradado, de hecho terminé de agarrar allí una amigdalitis de aúpa que me ha dejado todo el fin de semana fuera de combate, en casita, con bebidas calientes, pastillas a mogollón... y sin fumar, que es lo que más me ha dolido.

Por cierto, una anécdota curiosa de la fiesta, es que por allí aparecieron entre otros dos chicos madrileños medio despistados, que habían ido a hacer turismo por la ciudad y se habían encontrado con esto... (¿Qué español no se resite a entrar en un sitio en el que se celebra una fiesta española en una ciudad extranjera?). Resulta que al final -¡lo que es la vida!- resultó ser que existe poco menos que la posibilidad de que entre uno de ellos y yo tengamos parientes comunes, que remanecen del mismo pueblo -Andújar-. Y para que luego digan que el mundo no es un pañuelo...

Menos mal que ya me recuperé y hoy lunes volví a la UJ como si nada... Vamos a ver la próxima vez qué pasa...

¡Papá! ¡Ya soy televisivo!

Esto, que pudiera sonar a broma, quizá es lo que han dicho muchos y muchas pseudofamosetes a sus padres del alma cuando han logrado arrancar esos segundos de gloria a la cámara, haciendo esto o aquello (cochinadas, como decía mi abuela).

En mi caso, también resulta que va a ser verdad, sólo que esta vez alguien con coherencia ha pensado que sería mejor sacarte en la tele por ser tú mismo y por vivir tu vida normal. Esa era la idea y eso es lo que me ha pasado.

¿Cómo he llegado hasta aquí? Muy simple: hace algún tiempo se pusieron en contacto conmigo desde una oficina de Extenda, en Varsovia. Para quien no sepa qué es extenda, hay que decir que se trata de la oficina comercial de la Junta de Andalucía en Polonia. ¡Para que luego digan que los andaluces estamos atrasados! Pues bien, una señora muy simpática, conociendo de mi situación en Cracovia, me pidió que buscara a otros andaluces para salir en un programa de televisión de Canal Sur que se está preparando para empezar a emitir en próximas fechas y que cuenta la vida de andaluces que residen en otros países, por los motivos que sean.

Al final, toda esta operación, contactos y más contactos, citas y llamadas (que, por cierto, este mes se han dejado sentir fehacientemente en mi factura telefónica), se concretó en que el pasado día 11 me tocó la china, y por fin, gracias a dos reporteros muy agradables y simpáticos, llamados Pablo y Javi (desde aquí les mando a ambos efusivos saludos), pasamos un laaaaaaaargo día andando de un sitio para otro para conseguir mis cinco (o seis, o siete, o menos) minutos de gloria televisivos, y es que todo el mundo debería tener derecho a esos cinco minutos de gloria, a ver si así se termina con el morbo de saber qué hace quién con quién y para qué.

Programas como estos, en los que simplemente se cuente cómo es la vida normal de una persona nada extraordinaria (tanto la vida como la persona), en situaciones cotidianas, sin improvisaciones, sin montajes y sin... -¡hummm! ¿Cómo decirlo?-, sin tantos "experimentos sociológicos", deberían abundar más en una parrilla televisiva ya tan desvirtuada, en la que parece que el único norte es poder ver cómo cada persona saca su lado más ruin e histriónico a cambio de un poco de popularidad (y si es posible, de dinero). Esta pseudo-prostitución de la persona a las actuales exigencias de la audiencia, ciertamente lleva a un mal camino, y si no, sólo hay que preguntarle a los niños pequeños (yo lo hago cuando voy a España, no por el morbo de saber las noticias, sino para conocer el grado de contaminación televisiva que sufren).

Momentos de esta grabación, haberlos los hubo, pero ya se verán en su día en el programa, el cual recomiendo seguir, pero dos cosas sobre todo habré de señalar: por un lado, la valentía de mis estudiantes frente a la cámara y el hecho de que se animaran a hablar en español de forma espontánea (se van a merecer así un buen trato cuando llegue la hora de los exámenes... jejejeje) y el comentario que hizo una amiga mía de mí: -es bastante hipocondríaco... Esto no te lo esperabas, ¿eh?-

No, María, no me lo esperaba, pero gracias por ser tan sincera y por ser como eres. También quiero dar las gracias a mis amigos Fernando, Ewa y Marcos, por aguantar la "encerrona" televisiva que les preparé y por ser tan buenos amigos todos ellos.

PD.: A propósito, papá: cuando Marcos dice -Sergio es precioso-, no te confundas. Marcos, que es portugués y habla muy bien el español, para compensar la saudade que tiene por su tierra, dice a todo y a todos que son... ¡preciosos!

15.10.06

¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este?

(Breve declaración de intenciones)



Eso es lo que me he estado preguntando últimamente, aunque ya debería de conocer la respuesta: intentar sobrevivir a costa de mi trabajo.

Pero no es sólo supervivencia, no es sólo el afán de aventura, no es sólo dar cumplida satisfacción al afán vocacional... Es todo eso y mucho más. Así que, de esta forma, he acabado en Cracovia (Polonia) como lector de una universidad de esta tierra.

Mentiría si digo que soy un recién llegado a este lugar. La verdad es que ya llevo residiendo en esta ciudad algo así como dos años, y hasta la fecha, no me he cansado de hacerlo, a pesar de los crudos inviernos que la azotan de vez en cuando y que dejan un precioso paisaje para la cámara de fotos, pero no tan agradable para el que tiene que andar día a día de un lado para otro, especialmente si la temperatura baja de los -20º... A veces pienso que, si existe el infierno, tiene que ser frío... Muy frío.




A pesar de todo, hete aquí que ya llegué a Cracovia y me incorporé a mi puesto de lector en la Uniwersytet Jagiellonski w Krakowie, egregia y antigua universidad cuyos orígenes datan del año 1364, que ha visto pasar por sus aulas a personajes de hace mucho tiempo, como Nicolás Copérnico, más contemporáneos, como Karol Wojtyla, y ahora... a mí.

A través de este blog quiero contar mis experiencias, impresiones, apreciaciones y demás cosas que se me pasen por la cabeza, de tal forma que me recuerde lo que he ido pasando, a guisa de diario, y que también sirva como fuente de ideas e inspiraciones para otras personas que se encuentran desempeñando su función de lectores en otros lugares del mundo. Asimismo, también quiero narrar la vida ciudadana que se desarrolla en este lugar y cómo es la sociedad, pues las palabras de quien vive en la misma mejor pueden servir que lejanas noticias llegadas de agencias.



Para finalizar, bueno será recordar, y recordarnos una cosa: que a pesar de las distancias, de nuestras funciones, de los deberes que tenemos, etc., somos personas que nos relacionamos con personas, y de ello hay que saber aprovechar todas las enseñanzas que nos puedan brindar, a la par que, cada día, intentamos ofrecerles lo mejor de nosotros mismos.

Pido, pues, disculpas por anticipado si a alguien pudiera ofender alguno de los comentarios vertidos en este blog. No me exhonero de la responsabilidad personal acerca de los que yo mismo haga, pero sí de la intencionalidad, que en ningún caso prentenderá ser negativa, sino todo lo constructiva que pueda ser. Pido también disculpas si omito algún dato que se le ha escapado a mi peregrina cabeza, pero como rectificar es de sabios, seguramente haré muchísimas rectificaciones. Y por último, pido paciencia a aquellos que lean estos textos, dado que, si bien intentan ofrecer una interesante visión de diversos aspectos que ya he mencionado, seguramente lo harán de forma desordenada, tal como se me vayan ocurriendo, pero... ¿qué mejor función tiene un diario sino plasmar el desorden mental que día a día sufrimos?