18.4.09

¡¡¡De fin de año en Londres!!!

De vez en cuando toca moverse un poco, sobre todo por eso de no anquilosarse en un sitio demasiado y para que recordemos que una forma de relajarse frente a los agobios cotidianos que nos ocasiona la ajetreada vida laboral es viajar.

Así pues, armado de resolución, ganas de liberarme un poco del mundanal ajetreo de diario y, sobre todo, con la feliz intención de ver las tierras de lo que Shakespeare llamaba "la pérfida Albión", me encaramé a un autobús y, pasando por Alemania, Holanda y Francia, llegamos en unas 14 horas al paso de Calais, donde un ferry nos esperaba para conducirnos a los pasajeros de dicho autobús a las costera ciudad de Dover.

Desde allí vuelta a la carretera tras transitar por los dominios de Neptuno, y en tres horitas nos plantamos en Londres. La verdad es que es una ciudad tremenda desde cualquier punto de vista y, sea como fuere, no voy ahora a dedicarme a ponderar la maravilla arquitectónica que es esta ciudad y la enormidad de la misma.

Visitas, las obligadas para el turista novato en este territorio: el Big Ben y el Parlamento, Buckingham Palace, el monumento a Nelson, Westminster Abbey, Hyde Park, Pically Circus, Chinatown, un fish and chips... Y frío... muchísimo frío. Un frío intenso que cala hasta los huesos y que, por mucha ropa que se ponga uno, no se lo va a quitar. Y hay que aguantarlo, porque estamos en Londres, y allá no se está todos los días, y ya no somos catetos españoles de visita allá, sino que somos tan europeos como los londinenses, y ellos no parecen tener frío, por lo que hay que aguantar estoicamente, sonreir ante la adversidad y simular que más que en Londres, estamos en Kingstown, Jamaica...

Y otra cosa: el metro de Londres... ¡Vaya lío! La verdad es que cuando conoces uno como el de Madrid, te das cuenta que tanto el funcionamiento como la organización de las líneas, están muy bien planificados en la capital española (¡para que luego digan de los españoles!), y sin embargo en Londres hay que armarse de valor para ir en el tube y llegar adonde quieres ir de la mejor manera posible.

¡¡¡Y llega Nochevieja!!! Y escuchamos en casa de unos amigos españoles, con Marta como anfitriona, las campanadas de la Puerta del Sol en Cadena Dial, y vemos a las 1:00, hora española (UTC +1), los fuegos artificiales que habían preparado en la City, porque ya ha llegado el Año Nuevo para los hijos de la Gran Bretaña, y brindamos, y reímos, y charlamos de todo...

Y después nos vamos al Soho y vemos qué hay abierto y qué está ya cerrado (porque son cerca de las 3.00 de la mañana del nuevo 1 de enero y los pubs empiezan a cerrar y la amable policía británica empieza a echar a la gente hacia su casa, como si fueran borregos). Y mi amiga Marta que se acerca a un policeman británico y en un perfecto inglés con cierto trasfondo alcohólico y un gran derroche de simpatía le pregunta que qué sitio está abierto para ir a tomar algo, y el policeman, que muy amablemente le responde, también derrochando simpatía, dice que a partir de esa hora ninguno, que ya empieza el "toque de queda" que ha dado Boris (el alcalde de Londres, que a pesar de ese nombre ruso, es británico de pura cepa), y que lo mejor que puede hacer es largarse a su casa y disfrutar de la noche con los amigos, pero eso sí: sin hacer ruido, porque los vecinos se quejarán y tendrá que ir a, lamentablemente ("sorry, ma'am"), fastidiarnos la fiesta.

Permítaseme ahora un breve inciso sobre esta cuestión de la política británica y es que pasan cosas realmente curiosas: el anterior alcalde de Londres no tenía nombre ruso, sino que se llamaba Ken Livingstone (no ese de la frase: "el señor Livingstone, supongo", sino que es otro Livingstone), y era profundamente trotkista a pesar de ese nombre tan inglés de Ken. El actual se llama Boris Johnson y, a pesar de un nombre tan ruso, resulta que es profundamente conservador y monárquico... ¡Paradojas de la vida!

Retomando el hilo del día de Año Nuevo, como resulta que el policía es tan simpático, nos marchamos, obedientes a casa a seguir la fiesta como nos ha indicado, y sin hacer en la medida de lo posible ruido. Y volvemos y tomamos algo más y charlamos y nos caemos de sueño.

Y tras ese día de Año Nuevo toca hacer las maletas, y volver al autobús, y del autobús al ferry, y del ferry otra vez al autobús, y en unas -ahora ya- 14 tediosas horas, cruzamos Francia, Holanda, Alemania y llegamos a la querida Polonia, donde nos espera el reintegrarnos otra vez a la vida cotidiana, al trabajo y a vivir, lo mejor posible y como se pueda, este nuevo 2009 que nos ha tocado.

Ahora, como siempre, van unas fotos adjuntas a la entrada, para aderezarla decorativamente:


Vista (que no muy buena) desde el ferry del pueto de Dover

Bote de salvamento del ferry, que a la sazón se llamaba igual que el puerto de destino...

Monumento ecuestre de... ¡caramba! Ni lo miré. Lo que importa es la famosa noria de la City al fondo...

Parte del edificio del Parlamento. Me gustaron mucho las ventanas de estilo gótico tardío que intruducen la poca luz que en Londres suele haber a raudales...

Por supuesto, había que visitar la Abadía de Westminster... ¡Todo un delito haberla pasado por alto!

Y para que no quepa duda de dónde estaba, pues había que ubicarse en el metro cada dos por tres...

Era imposible dejar pasar la ocasión de montarse en uno de estos archiconocidícimos autobuses de dos pisos, aunque con la imagen más remozada...

Y tampoco se podía dejar pasar la ocasión de echarse una foto en una cabina de teléfonos londinense, tan peculiar en su forma y diseño

Carrusel nocturno al lado de Picadilly Circus. La verdad es que el ambiente era más proclive a la diversión que a rememorar tiempos de la infancia en los caballitos...

Y como no podía ser menos, Picadilly Circus de noche, que es cuando más destaca y refulge

Cambio de la guardia en Buckingham Palace... ¡Suerte que lo vi! La única lástima es que la Reina no salió a saludar, si no, hubiera sido una jornada completa...

Frontal de Buckingham Palace y una gran cantidad de turistas, para variar... Intenté que despejaran el área de la fotografía, pero todo fue en vano...

¿Qué hacía este pescado en medio de Buckingham Road? ¿Es que se perdió o hizo una escapadita fuera del Támesis?

Para que luego digan que no son originales los taxis ingleses... Y es que la prensa amarilla llega ya a todos los sitios... ¿Para cuándo taxis en Madrid con las mejores imágenes de Salsa Rosa?

El Big Ben y yo... Yo y el Big Ben...

Otra vez el Parlamento, y es que es un edificio magnífico...

Estatua que remata la fuente situada frente a Buckingham Palace... Desde ahí, vigila a la familia real británica como un atento paparazzi de piedra...

Y para que no quepa duda, la dichosa fuente con Buckingham Palace al fondo... ¿A que es bonito el conjunto?

Esto es lo que le va a pasar a quien se le ocurra saltar la verja del Palacio de Buckingham... ¡Huy qué mal suena eso de "criminal offence"!

Para finalizar, y como decía Lord Nelson: "Inglaterra espera que cada uno cumpla con su deber". Yo, por mi parte, intenté seguir esa máxima y pasé un fin de año bárbaro...

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